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Estiramientos y hábitos saludables contra el dolor de cuello

Estiramientos contra el dolor de cuello

Estiramientos y hábitos saludables contra el dolor de cuello

El dolor de cuello puede estar causado por multitud de imperceptibles movimientos diarios que se acumulan y crean tensión en nuestras cervicales. En este artículo vamos a tratar de desenmascararlos y de dar algunos consejos sobre aquellos sencillos hábitos y estiramientos que van a ser beneficiosos para nuestro cuello.

Nuestras rutinas nos abocan al dolor de cuello

Con frecuencia, costumbres y posturas que llevamos a cabo durante nuestra vida cotidiana inciden sobre la musculatura y los tendones del cuello y terminan por convertirse en un molesto dolor de cuello. Tenemos que descubrir cuales son ya que, como se dice coloquialmente, antes de combatir al enemigo, hay que reconocerlo.

La parte superior de la columna vertebral, la musculatura y los tendones del cuello soportan, cada día, una tensión constante. En la actualidad, muchos trabajos implican estar varias horas delante de una pantalla de ordenador, atender constantes llamadas de teléfono o realizar movimientos repetitivos.

Es normal que, presionados por los tiempos laborales exigidos, ni siquiera podamos hacer esas pausas que a menudo tanto se recomiendan: para descansar la vista, el cerebro y nuestros músculos en tensión.

Otros hábitos cotidianos se añaden a los propios del trabajo. Cargar con el portátil, el bolso o la compra de aquí para allá; dormir menos horas de las convenientes; llevar una vida sedentaria, por falta de tiempo y de energía, la mayoría de las veces.

Todas estas rutinas, que a menudo pasan desapercibidas, se convierten en amenazas para la salud física de nuestro cuerpo. El dolor de cuello es una de las consecuencias más frecuentes junto con las molestias en las regiones dorsales de la espalda y en la zona lumbar.

Pero, os preguntaréis, si nuestra vida es así, si apenas tenemos tiempo ni para pensar, ¿cómo podemos evitar que nuestro cuello sufra?

Unos minutos al día de estiramientos y un puñado de buenos hábitos conseguirán evitar que nuestro cuello sea el que pague la factura del estrés diario

Lo que nuestro cuello va a agradecernos

En primer lugar, debemos ser conscientes de lo que nos está perjudicando. De la misma manera que sabemos que hay que abrigarse cuando hace frío, también tenemos que darnos cuenta de aquellos movimientos que le sientan mal a nuestra musculatura.

¿Te levantas de la cama con dolor de cuello o de espalda?

¿Te resulta incómodo el colchón sobre el que duermes, la almohada es demasiado dura o blanda, tal vez un poco alta?

¿Estás muchas horas delante de una pantalla, con la cabeza inclinada hacia delante?

¿Utilizas mucho la mensajería instantánea del móvil?

¿Hablas por teléfono sujetando el auricular o el móvil entre la cara y el hombro?

¿Sientes que el estrés está tan presente en tu vida que no recuerdas la última vez que te relajaste?

¿Haces a menudo viajes largos o te quedas dormido en el transporte público?

¿Los atascos son el pan de cada día cuando coges el coche para ir a trabajar?

Si has contestado afirmativamente a una o varias de estas preguntas, es bastante probable que ya convivas con intermitentes y molestos dolores de cuello. Ya le hemos dedicado en nuestro blog algunos artículos a los buenos hábitos en la oficina, a la hora de dormir y de viajar o en nuestros quehaceres diarios.

Además de estos consejos, también es importante que te mantengas hidratado a lo largo del día. El agua no sólo hidrata la piel y nos aporta minerales básicos, sino que también activa el organismo.

Una buena alimentación, basada en la diversidad de nutrientes y en no abusar de las grasas saturadas y los azúcares, es básica para mantener sanos y fuertes nuestros músculos. El magnesio, por ejemplo, es un gran aliado de la salud de nuestro cuello.

También es importante mantener un peso corporal adecuado ya que el sobrepeso carga nuestras articulaciones y nos hace más proclives a tener patologías físicas y lesiones.

Estiramientos para evitar el dolor de cuello

  • En el trabajo, a ser posible cada hora, baja el mentón hacia el pecho, mueve lentamente el cuello hacia la izquierda, vuelve al centro y hacia la derecha. Así varias veces, en un movimiento pendular que conseguirá relajar los músculos del cuello en tensión.
  • Si llevas conduciendo más de tres cuartos de hora, intenta estirar el cuello. El movimiento que puedes hacer es parecido al que realiza una tortuga cuando mete y saca la cabeza del caparazón. Con la espalda recta y las manos sobre la parte superior del volante, echa hacia delante la cabeza como si te estiraran por la barbilla y vuelve a la postura inicial. Aprovecha para hacer este movimiento cuando estés parado en un semáforo o en un atasco.
  • En general, dedicarle a tu cuello unos minutos, al principio y al final del día, si puedes, es una buena idea para evitar contracturas y lesiones cervicales. Debes estar relajado. De pie, puedes dibujar círculos girando la cabeza con delicadeza; mover el cuello de izquierda a derecha y de arriba a abajo, varias veces.
  • Los hombros están ligados al cuello de una forma íntima por lo que relajarlos y estirarlos también repercutirá positivamente en las cervicales. Puedes hacer movimientos circulares hacia arriba y abajo.
  • Un estiramiento apropiado tanto para el hombro como para el brazo consiste en empujar con la mano el brazo extendido hacia el hombro opuesto, girando un poco el torso, para devolver la elasticidad al músculo deltoides y al triceps. Primero haces una serie empujando el brazo un poco hacia abajo, siempre a la altura del cuello, y, después, otra con el brazo un poco hacia arriba.
  • El estrés es uno de los principales causantes del dolor de cuello. Hay que intentar reducirlo lo máximo posible organizándonos bien, planificando y siendo realistas con el número de tareas que podemos llevar a cabo.

Si no podemos evitar las altas dosis de estrés que recibimos, porque no está en nuestra mano decidir los tiempos y la forma de trabajar, el mejor remedio para que no nos atenaze los músculos es hacer ejercicios de relajación y, de vez en cuando, ir al fisioterapeuta para que nos dé un masaje descontracturante.

Author Info

Raquel Cámara

Fisioterapeuta, directora de Fisio Naciones

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